Compartimos la nota publicada hoy en la revista digital Trato Hecho sobre progresos en las prestaciones de salud:
Liderando la escala de prioridades del sindicato que representa a los trabajadores metalúrgicos (UOM), la cobertura de salud está elevando su calidad a través de la mejora de la atención de su obra social a cargo del sec. Gral. de la misma, Osvaldo Lobato.
Desde la seccional San Miguel, se viene haciendo con la gestión que encabeza su sec. Gral., Diego Espeche; quien recibió en las instalaciones de la casa sanmiguelina a Osvaldo Lobato; el sec. de la Obra Social de la Seccional San Martín, Rolando Lobato y el colaborador de la Seccional Avellaneda, Marcelo San Martín. En el encuentro estuvo presente la dirigente metalúrgica a cargo de la Regional San Miguel del Ministerio de Trabajo, Yolanda Saavedra.
Durante la reunión se analizaron distintas cuestiones claves para el manejo de la obra social, se mostraron los avances en la atención y los dirigentes recorrieron las instalaciones de los consultorios externos de la seccional.4>
El 1 de julio de 1974 y a la edad de 79 años moría en Buenos Aires Juan Domingo Perón a poco más de un año de haber asumido su tercera presidencia y siendo la figura determinante de todo el espectro político argentino.
Su figura era la de un estadista pero, también, la de un padre que ponía orden y ejercía el poder con moderación y equidad a los propios y a los ajenos. Era el último gran mito viviente al que se reverenciaba y que se reconocía a nivel mundial.
Los problemas de salud del líder no eran nuevos: a su cardiopatía se le sumaban los efectos colaterales de su consumo de tabaco y sus fuertes emociones que incluían la doble viudez y el exilio por más de 18 años. En España, sus cuidados médicos se habían intensificado y lo más destacado era la esperanza de volver a su patria. A esto se sumaba la necesidad de que participara de todo acontecimiento político para demostrar unión y fortaleza a los bastos actores de la política y la economía. Las divisiones internas se mantuvieron a raya mientras la presencia omnipresente de Perón era indiscutida.
Para ese invierno crudo de 1974, las recomendaciones de aminorar el ritmo de trabajo eran desoídas porque para él el fin estaba cerca y quería dar hasta su último aliento por el bienestar y la pacificación de los argentinos.
La asistencia a su funeral y el acompañamiento del cortejo fúnebre fue un hito mundial que se compartió en todos los medios de comunicación siendo reconocido como estadista.
Commemoramos un año más de la muerte de nuestro conductor y honramos su legado comprometiendo todo nuestro esfuerzo a la defensa de los derechos de los trabajadores, hoy y siempre.
La vida de Augusto Timoteo Vandor es una gran alegoría de lo que el Movimiento Justicialista significó para los trabajadores surgidos en la segunda mitad del Siglo XX. Siendo la primera generación de argentinos de inmigrantes franceses, el joven Augusto había encontrado en el alistamiento a la Marina una razón de ser y pertenecer pero su inclinación hacia las máquinas terminaría por marcar su destino.
El ingreso a la Phillips en 1950 habiendo sido atravesado por el fenómeno del peronismo en las calles, primero, y en el gobierno lo volcaron a la vida sindical y su férrea defensa de sus compañeros pronto lo destacaron como conductor, comenzando como delegado para seguir su carrera de dirigente sindical hasta representar a la Unión Obrera Metalúrgica a nivel nacional.
El derrocamiento en 1955 del gobierno legítimo de Juan Domingo Perón lo encontró en la resistencia y le valió persecución y cárcel por el mero hecho de defender los derechos de sus conducidos. La suspensión de la actividad sindical por la dictadura no lo amedrentó sumando a sus ideales el retorno de su líder en el exilio.
Los gobiernos democráticos que se sucedieron entre los regímenes de facto poco pudieron contra la avanzada de la masa de obreros que no resignaba los logros conseguidos y que salía a las calles para defenderles. Su rauda labor en el periodo comprendido entre 1958 y 1969, encontró a Vandor en la vanguardia sindical y a la cabeza de organizaciones como la CGT y Las 62 haciendo de la representación obrera el verdadero arma de cambio y transformación social.
Su figura no pasaba desapercibida y eso comenzó a generar egoísmos dentro del movimiento trabajador y ante la falta de recursos para combatir sus ideas fueron por su aniquilamiento: el 30 de junio de 1969, un grupo de hombres irrumpió en su oficina de nuestra casa y lo asesinó con cinco balazos. A pesar de las sostenidas investigaciones, sus asesinos nunca fueron identificados y su muerte sigue impune. El Lobo es nuestro faro, hoy y siempre, y honramos su vida y memoria a 52 años de su desaparición física.