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A 50 años del asesinato de Augusto Timoteo Vandor

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Se cumplen 50 años del brutal asesinato del compañero Augusto Timoteo Vandor, perpetrado el 30 de junio de 1969 en su propio despacho en la antigua sede de UOM. Hasta el día de hoy no está claro quienes lo asesinaron.

De su vida destacamos que a los 27 años de edad comenzó su actividad gremial dentro del plantel obrero de la fábrica de Philips. Era un joven serio y decidido con gran capacidad de negociación de modo que al poco tiempo comenzó a sobresalir y destacarse como un potente líder sindical. Por su activismo en favor de los trabajadores en el mes de septiembre de 1955, durante la dictadura de la autodenominada Revolución Libertadora, fue encarcelado durante un lapso de seis meses y despedido de Philips.

En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, si bien se mantenía la proscripción del peronismo, cumpliendo lo pactado con Perón, se sancionó la Ley 14.250 que permitió, el retorno de los peronistas a la conducción de los grandes gremios. La figura de Vandor comenzó a crecer, fue elegido Secretario General de la UOM, el gremio más poderoso de la Argentina en ese momento. Además fue el líder de las 62 organizaciones gremiales peronistas, y el hombre más influyente de la CGT.

En un marco político tumultuoso y muy negativo para el peronismo la UOM conducida por Vandor  tuvo un protagonismo fundamental. Con el apoyo de los trabajadores se pudieron resistir los avasallamientos de nuestros derechos laborales, la represión del Estado y el abuso patronal.

Previo a las elecciones legislativas del 14 de marzo de 1965, (últimos comicios en la historia argentina en los que estuvo proscripto el peronismo, y también los últimos antes del golpe de estado del 28 de junio de 1966), Vandor encabezó una comitiva de dirigentes justicialistas del ámbito nacional, en plena campaña electoral.

Como un homenaje a su lucha, reproducimos aquí parte del discurso que Vandor pronunció en esa ocasión.

“Créanlo, para los hombres que tenemos la dicha de por primera vez estar en Azul, estas  demostraciones nos emocionan enormemente. Estas demostraciones nosotros las tomamos no a título personal, las tomamos por el único hombre que tiene que volver a la Patria para que haya paz y felicidad: el general Perón. (…)

Quiero decirles, compañeras y compañeros, que dentro de muy pocos días el Movimiento Peronista en todo el país va a librar otra de las batallas decisivas. Si bien es cierto que la vamos a librar en las urnas, es una etapa para la guerra total que el Movimiento ha declarado a partir del 31 de diciembre, cuando los canallas que nos están gobernando impidieron con fuerzas extrañas que nuestro líder llegara a la Patria.

En ese aspecto hoy más que nunca le hace falta unidad al Movimiento Peronista. Tenemos que demostrar una vez más que Perón sigue contando con el apoyo total de su pueblo. (…)”

Los metalúrgicos junto con el pueblo trabajador y peronista honramos la memoria de nuestro querido compañero.

20 de Junio, Día de la Bandera

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Fuente: “El Historiador” Felipe Pigna

Luego del glorioso mayo de 1810 los conflictos entre patriotas independentistas y aquellos que aún apoyaban a los realistas se libraban en diversos frentes de América, tanto externos como internos.

En ese contexto, hacia finales de 1811,  se produjeron numerosos ataques realistas sobre las costas del río Paraná. A partir del 23 de septiembre de ese año el Primer Triunvirato gobernaba las Provincias Unidas del Río de la Plata y el 24 de enero de 1812 encargó a Manuel Belgrano partir a Rosario poniéndolo al mando del Regimiento 5 de Patricios.

A fin de unificar a sus hombres en la defensa de una misma causa, Belgrano pidió y logró que el 18 de febrero de 1812 le permitieran a sus soldados usar una: “escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata de dos colores, blanco y azul celeste, quedando abolida la roja”. El 23 de febrero de 1812, Belgrano le anunció al Triunvirato que había entregado las escarapelas a sus tropas para que “acaben de confirmar a nuestros enemigos de la firme resolución en que estamos de sostener la independencia de la América'.

Con patriótico entusiasmo el 27 de febrero de 1812 Belgrano inauguró una nueva batería a la que llamó Independencia. Para ello  hizo formar a sus tropas frente a una bandera que había cosido con los colores de la escarapela, una vecina de Rosario, doña María Catalina Echeverría. Su creador ordenó a sus oficiales y soldados jurarle fidelidad diciendo “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la LibertadInmediatamente envió una carta a Buenos Aires, para comunicarle lo actuado, pero ese mismo día el Triunvirato lo designó al mando del Ejército del Norte.

La noticia no fue bien recibida en Buenos Aires, dado que Bernardino Rivadavia, secretario del Triunvirato, estaba negociando con Gran Bretaña (entonces aliada de España) la retirada de los portugueses de la Banda Oriental. La condición que los ingleses exigían para la retirada de las tropas enemigas era que no se mencionase el tema de la “independencia”.

Cuando Belgrano había ya partido a cumplir su nuevo cargo llegó la carta enviada por Rivadavia (de la cual él no se enteró hasta meses más tarde) que decía: “La demostración con que Vuestra Señoría inflamó a las tropas de su mando enarbolando la bandera blanca y celeste, es a los ojos de este gobierno de una influencia capaz de destruir los fundamentos con que se justifican nuestras operaciones"

Por su parte, orgulloso durante su recorrido hacia el norte Belgrano siguió desplegando el simbólico estandarte, que fue bendecido por el sacerdote Juan Ignacio Gorriti, el 25 de mayo de 1812 en la Catedral de Jujuy.

Finalmente en el mes julio recibió las intimidatorias órdenes del Triunvirato. Su respuesta fue decidida y tajante: "Puede V. E. hacer de mí lo que quiera, en el firme supuesto de que hallándose mi conciencia tranquila, y no conduciéndome a esa, ni otras demostraciones de mis deseos por la felicidad y glorias de la Patria, otro interés que el de esta misma, recibiré con resignación cualesquier padecimiento, pues no será el primero que he tenido por proceder con honradez y entusiasmo patriótico”.

Cuatro años más tarde, tras la Declaración de la Independencia del 9 de julio de 1816, la bandera “celeste y blanca que se ha usado hasta el presente y se usará en lo sucesivo” fue adoptada como símbolo nacional por el Congreso de Tucumán el día 20 de julio de 1816, y el mismo Congreso le agregó el sol el 25 de febrero de 1818.

Hoy es el día de nuestra bandera en honor a este gran hombre y apasionado patriota que falleció el 20 de Junio de 1820.

Los metalúrgicos honramos su memoria con verdadero amor por nuestra querida patria.

20 de junio de 1973-Perón regresa definitivamente al país

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Desde que Héctor J. Cámpora asumió el gobierno, el 25 de mayo de 1973, el pueblo argentino aún no había podido sustraerse a la violencia que se había vivido desde el golpe de Estado de 1955. El regreso definitivo del General Juan Domingo Perón se produciría el 20 de junio de 1973.

El 19 comenzaron a llegar columnas de mujeres y hombres del Movimiento, llenos de esperanzas por la llegada de Perón después de su injusto exilio. Caravanas de personas cantando, con sus bombos, carteles, banderas; era la concentración más grande que se había visto hasta el momento.

Ante la inminente llegada del General, hechos violentos se sucedieron en Ezeiza que provocaron que Perón se viera forzado a bajar en Morón. Desde allí, pudimos escuchar la voz del General, inconfundible, que por la radio, decía “He llegado hoy a Buenos Aires después de dieciocho años de extrañamiento, con la intención de dar un abrazo simbólico desde lo más profundo de mi corazón al pueblo argentino y un sinnúmero de circunstancias lo han impedido”.

A pesar de estos terribles sucesos que dejaron un saldo de heridos y de muertes, se vislumbraba en el pueblo argentino la luz de la esperanza que significaba volver a tener a Juan Domingo Perón en nuestra tierra.

198º Aniversario de la muerte de Martín Miguel de Güemes

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Caudillo indiscutido y patriota heroico Güemes tuvo un papel primordial en la Guerra de la Independencia.

Luego del estallido de la Revolución de Mayo de 1810, la Primera Junta de gobierno envió rápidamente la Primera Expedición Auxiliadora al Alto Perú. Salta se adhirió al Ejército del Norte sumando sus tropas de gauchos encabezados por Martín Miguel de Güemes. Fueron ellos los que lograron impedir la comunicación entre los realistas que se encontraban en el Alto Perú y los contrarrevolucionarios que habitaban estas tierras. A partir de ese momento fue fundamental su labor en defensa de la Independencia de nuestra patria.

En enero de 1814, luego de la derrota da Ayohuma el coronel José de San Martín tomó el mando del Ejército del Norte, ascendió a Güemes otorgándole el grado de teniente coronel y lo designó jefe de las fuerzas de caballería de dicho ejército. Desde Salta, que en ese entonces abarcaba también los actuales Jujuy y Tarija, Güemes comenzó a organizar sus milicias desplegando su famosa guerra de recursos para retrasar el avance de partidas realistas.

En una carta del 23 de marzo de 1814 a Gervasio Posadas, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el general San Martín advertía: “Los gauchos de Salta solos, están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprender una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado.”

A mediados de 1814, los gauchos de Güemes controlaban la mayor parte de la zona rural de Salta, lo que obligó al ejército realista a replegarse hacia el norte, abandonando la provincia.

Luego de derrotar al ejército invasor en Puesto del Marqués (en abril de 1815), con 30 años de edad Güemes regresó a Salta y fue aclamado por el pueblo que salió a la calle desconociendo al gobernador nombrado por el gobierno de Buenos Aires. El 6 de mayo de 1815 el Cabildo de Salta conformó una asamblea de notables quienes eligieron (por primera vez no dependiendo de la decisión del Directorio gobernante en Buenos Aires) al coronel Martín Miguel de Güemes como gobernador de la Intendencia de Salta El Directorio tuvo que aceptar tal elección.

Con muy escasos recursos los gauchos de Güemes lucharon fieramente en una larga serie de enfrentamientos casi diarios, cortos tiroteos seguidos de retiradas o emboscadas. Toda la población se sumó, las mujeres, los niños y los ancianos actuaban como espías o mensajeros, también boicoteando las vías de aprovisionamiento del invasor. Cuando los realistas se acercaban a un pueblo o a una hacienda, familias enteras abandonaban sus hogares llevándose los víveres, el ganado, y todo lo que pudiese ser útil para sostener la subsistencia del enemigo. Este tipo de lucha arruinó la economía salteña, pero sus protagonistas prefirieron este descalabro económico a rendirse.

El 7 de junio de 1821, Martín Miguel de Güemes fue atacado por los realistas en Cañada de la Horqueta, murió diez días después el 17 de junio. Tenía solo 36 años.